Cuando nos acariciamos las manos,
manos débiles y arrugadas,
sabemos que poco nos queda,
aunque lo digamos a carcajadas.
Y es que algún día,
nuestros timbales del pecho
terminarán esta partitura de la pasión,
nuestros timbales del pecho
terminarán esta partitura de la pasión,
y en breve llegaremos a la última estación,
donde nunca más veré tus cascadas azules en tu rostro,
ya que cerraremos los ojos y por vida descansaremos.
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