Ya había transcurrido un mes desde el comienzo del colegio, y la situación era peor aun. Un sufrimiento constante y un interminable día que tenia que soportar día tras día. Aunque en el tema académico seguía siendo excepcional, el social era pésimo. Mirando al reloj cada minuto para que surgiera una pequeña esperanza en mi interior de que el final del día se acercaba. Yo seguía sin entender cual era la razón para recibir este trato tan malo. Mis padres me decían que era envidia y que ya se les pasaría, pero el castigo diario no terminaba, por mucho que se tomasen medidas, por mucho que mi familia y yo hiciéramos todo lo posible para acabar con esta situación, era inútil. Han pasado ya 4 años y mi rencor es demasiado grande, aunque la mayoría de veces lo esconda. Aquellos años de sufrimiento y desgracia han hecho de mi una persona desconfiada, pero bueno como siempre, la excusa es que así es la vida.
martes, 25 de octubre de 2016
Aflicción
El 7 de septiembre, como todos los años, era el día que empezaba el colegio. Todos los niños estaban alegres de poder volver a ver a sus amigos, pero yo estaba triste. Sin amigos, esperaba paciente hasta que anunciaban las clases para poder entrar al aula, dejar el material e irme a casa. Mis padres me dijeron que a medida que transcurriese el curso, podría relacionarme y poder hacer amigos. Pero me pasó todo lo contrario. Siempre ha habido, hay y seguirá habiendo el líder del grupo. Al que todos siguen sin saber porque. Yo, era un niño peculiar, mi aspecto era distinto pero no por tanto era menos, mi mentalidad también era distinta pero no por ello era ínfimo. No obstante, para el líder de la manada si lo era y por consecuente para todos. Tanto para chicas como chicos era raro, de menor importancia.
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