martes, 25 de octubre de 2016

Sin cara

La luz de mi vida se apagó, la que me daba fuerza, ganas de seguir avanzando. Verla, verla y que ella no lo hiciera. Reconocerla y que ella a cambio no pudiera. La veía, la sentía, la quería, pero ella me miraba como si fuera una persona más, cuando sabía que no lo era.
No sabeis la impotencia que daba que alguien que te ha querido siguiera haciendolo pero sin acordarse. Que las personas que más la queríamos fueran desconocidas. Era como tenerla y perderla, en simples segundos, segundos como cuando pasan estrellas fugaces, en las que pides un deseo pero simplemente cuando te das cuenta ya no están. Así, así me sentía yo cuando quería decirle todo lo que la quería y pasaba a ser una simple desconocida.
Gracias abuela, por haberme enseñado a soltar lo que siento antes de que sea demasiado tarde.

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